lunes, 31 de enero de 2011

El disfraz

Me invitó a pasar al living y esperarla.

Camine unos pasos, abrí la puerta y entré. Inmediatamente me sentí complacido. Living y comedor formaban un sola y gran habitación. Todo estaba alumbrado por velas de distintos tamaños que, imaginé, formaban un sendero. Por la ventana se podía apreciar un hermoso y algo descuidado jardín. Descuido que solo lograba otorgarle una mayor belleza, algo salvaje, ideal para la ocasión.

A un costado del sofá de cuero, me esperaba una elegante copa de champagne. Me sentí alagado. Se podía escuchar una música que agregaba placer al encuentro. Me senté, observé la situación, sentí concientemente mi agrado. Agradecí por estar ahí. Respiré, sentí el sofá y me la imagine allí, desnuda en cuatro patas mirando hacia el jardín y yo parado detrás de ella mirando su cuello, espalda y culo. Sentí mi excitación, acomodé mi pene y tome champagne…escuche su voz desde el fondo de la casa. ¡ ya voy ¡

Pasado unos minutos ella me dice. “Necesito que con el control remoto sin pararte del sillón, cambies la música”. Sigo las instrucciones, a estas alturas medio muerto de la risa. La magia se me ha ido un poco y las velas y toda la preparación la empiezo encontrar un poco adolescente.

Finalmente ingresa a la habitación, y empieza a bailar al compás de la música. Nada muy sexi ni sensual. Ninguno de los bailes típicos de estas situaciones. Empiezo a comprender que me tiene preparado un espectáculo. Baila muy bien, gesticula con las manos y rostros. Todo impecable, me siento un rey, mi excitación aumenta, vuelve la magia. Esta mina me hace sentir importante, la miro, disfruto. Termina de cantar y empieza otra música. Se acerca me muerde los labios. Yo complacido, asumo mi rol. Me trata como un rey, su amo y eso soy. Ella es mi sumisa, y ha actuado con diligencia. Dejo ir la emotividad, para dar paso al erotismo. La tomo con fuerza, le suelto las amarras que sostienen su vestido. La abrazo, nos besamos. Ella cae de rodillas, besa mi pene con pasión. Observo su mirada. Perfecta, me observa sumisa y complacida. Me inclino y la tomo del culo. Le doy unas pequeñas nalgadas. Pregunta porque. Le contesto dándole dos nalgadas muy fuertes. Ríe de buena gana, sabe que lo ha hecho muy bien y que la tengo difícil. La tomo del pelo. Observo su elegante disfraz, mas me excito. Me acuerdo de mi fantasía  de la espera. Juego con su ano, meto mis dedos. Me paro detrás de ella como había imaginado, pero hoy no quiero sexo anal. Añoro su vagina. Ahí esta en cuatro patas mirando hacia el jardín y yo parado detrás de ella mirando su cuello, espalda y culo…

sábado, 29 de enero de 2011

Tarde de domingo

Desperté. No abrí los ojos. Recorrí mentalmente la habitación. Recordé la bandeja con la taza de café a medio tomar y las migas de pan sobre el plato. La ropa tirada por algún lugar de la habitación. Mi escritorio lleno de libros, el computador encendido con excepción de la pantalla. El sofá de cuero con algunos CD’s y diarios y revistas. El equipo de música, ya algo viejo y obsoleto. Las benditas cortinas que permitían obscurecer la habitación y dormir a cualquier hora del día.

Imagine que eran las tres de la tarde. Sentí mi transpiración, el olor del cuerpo. Disfrute complacido, saque mi pierna derecha debajo de la sabana para cruzarla sobre la pierna izquierda y quedar casi sobre mi estomago. Sentí el miembro erecto, duro. Me sentí fuerte.

Me acorde de mis encuentros con Agatha. Abrí los ojos, busque con una sonrisa en mis labios el teléfono y marqué.

“Agatha, hola. ¿Cómo estas? ¿Qué haces?

Les explique donde y en que estaba. Río de buena gana. Te espero en media hora, le dije en tono imperativo asumiendo mi rol. No soy muy experto, pero cuando no asumimos claramente nuestro rol, traemos confusión a la relación. La buena onda se convierte rápidamente en mediocridad y es fácil terminar construyendo una relación que no nos agrada.

Agatha intentó negociar los tiempos. Me mantuve firme y le pedí esfuerzo en el cumplimiento de la tarea.

Todo esto me encendió aun mas, pensé que explotaría. El pene me dolía.

Intente suavizar la espera con un café, mi pene ya no estaba erecto como antes pero mi excitación aun estaba presente. Miré ahora con los ojos abiertos y recorrí nuevamente la habitación. Observe mi sofá de cuero negro. Amo ese sofá. Me acorde de Agatha en cuatro patas sobre el sofá, de rodillas chupándome el pene mientras estoy sentado o ella saltando encima mío..uff..cuando falta, no aguanto más..solo quiero que llegue, tener sexo y ya...

Finalmente suena el citófono, y autorizo su entrada. Me quedo mirando por la mirilla detrás de la puerta. La veo salir del ascensor. Abro la puerta, la recibo de un abrazo, La tomo de la mano. La llevo a la habitación. Esta hermosa. Ríe. Me siento en la cama y la desnudo mientras ella me observa parada.

Una vez desnuda, le doy pocas pero fuertes nalgadas. Hoy no estoy para bromas, le advierto. La pongo sobre la cama, de espaldas mirando hacia atrás, donde permanezco parado. Adivino que ella supone que nos daremos sexo oral mutuamente y al mismo tiempo. La dejo pensar en eso. Me inclino, y ella roza con sus labios mi pene , yo acaricio suavemente su concha con mis dedos, la beso. No mucho. Me acomodo y meto mi miembro en su boca. Puedo ver su boca abierta y sus ojos mirándome, como pidiendo instrucciones. Esta muy fría aún. Vuelvo a la carga, marcando con energía el gesto. Meto nuevamente mi pene adentro de su boca y empiezo a moverme. Lo saco, la tomo de los hombros y la acomodo un poco mas atrás, su cabeza queda al borde de la cama, pero aun cómoda. Imagino que es la posición perfecta y retomo la acción. Me inclino y le doy una nalgada muy fuerte. Vuelvo por tercera vez a meter mi pene sobre su boca y me muevo con soltura..mas fuerte y mas fuerte..digo “ya chupame hasta reventarme”. Ella sabe que debe tomarse todo el semen. La tomo del cabello, la acaricio y continúo moviéndome..mi mente vuelve al comienzo la bandeja, el café, los restos de pan.. mi despertar excitado..siento que ya.. es el momento..y suelto un chorro de semen que Agatha intenta con energía capturar. Su rostro esta rojo medio de excitación y medio de rabia. No me importa en absoluto, lo disfruto. Le grito que siga..No quiero perder ese minuto. Me sigue lamiendo, limpiándome, escupe. La reprendo.Sigue con los testículos, entre medio de las piernas y retoma con el pene. A esas alturas, constato con sorpresa que yo estoy acostado de espaldas y ella de rodillas en el suelo limpiando todo mi cuerpo con su lengua. Lo hace con energía, ha aprendido con duros castigos que el semen no se desperdicia.

Después de un rato, ya no deseo continuar. Le indico que se vista y se vaya. Me mira sorprendida. No dice nada. Pide ducharse, accedo. Vuelve orgullosa e intenta sonreír. Me da un beso y me dice adiós. Camina por un breve pasillo, a la derecha se encuentra el baño donde acaba de ducharse y a la izquierda la puerta de salida. Me mira y me lanza un beso, dice “me debes una, esto fue todo para ti”. La miro cansado, no reacciono se pierde de mi vista. Reacciono tarde. Salto de la cama. Corro a la puerta de la habitación. Desde ahí la observo parada en la puerta de salida del departamento. La miro serio: “no te debo nada, espérame a las nueve voy con la varilla”. Me mira en forma tierna, me lanza un beso y se va..Quedo contrariado. Vuelvo a la cama y duermo.

La Caminata

No conozco muchas minas que sepan caminar cuando las mandas a a buscar la fusta. Tengo una fantasía con eso, los hombros son importantes. Me enfría si camina con la espalda levemente encorvada; y con los brazos y manos cayendo al suelo.Sin gracia. Ya derrotada y en silencio. Reconozco en eso algo importante,  la cara de derrotada no me gusta. Ni siquiera me da bronca. Me da ganas de irme,  se me quita la excitación.

eh, cuidado tampoco se trata de que vaya feliz a buscar la fusta para recibir su merecido. Parte de la magia esta en que sufra. ¿ o no?

Los ojos son importantes. Es difícil encontrar algo mas importante. Los ojos tiene que expresar sumisión y aceptación. El silencio me confunde. Que me desafíen en el momento de la caminata, también. Más apropiado es apegarse al rol. Frecuentemente hecho de menos la teatralidad. La sesión es un rito,un acto que ocurre en un contexto. Mientra mas cuento mejor. Responder con un gesto de calentura. Morderme los labios por ejemplo y alejarse despacio, deslizandose por la cama mirandome a los ojos decidida, pero con una leve esperanza de distraerme y postergar el castigo. Despues me vendria bien, algo de desenfado y caminar semi desnuda con zapatos de taco alto. Siempre los tacos, nunca fallan. Volver a la cama. Otra demostración de calentura furtiva y vamos..a la posición de castigo.

lunes, 24 de enero de 2011

Camino a BDSM.Tercera Estación: Catalina

Caluroso ese verano. Bueno como todos, siempre me quejo de lo mismo.

El nombre Catalina, siempre me ha producido algo extraño. Todas las Catalinas que había conocido hasta la fecha eran exquisitamente bellas y también..tontas como puerta.

Puede ser que me este dejando llevar por el prejuicio. En Chile, en la década del 60 y 70 le decían Catalinas a las minas de clase alta que se las daban de hippies. El “mote”, se refería a aquellas chicas que fumaban marihuana, eran liberales, cada cierto rato hacían pasar malos ratos a “papa” y “compraban” ropa hippie.
                                   
Bueno, pero de eso  ya ha pasado mucho rato y pocos se acuerdan de la broma y el estigma. Ahora, yo me encontraba acostado en mi cama mirando ansioso por la ventana, y esperando el momento de intercambiar mensajes con Catalina. No con cualquiera. Esta era mi Catalina. Bella, caliente y de clase alta como las otras y también inteligente y creativa. Me tenía loco a partir de una noche de calentura en que después de cruzarnos miradas en una cena de negocios terminamos en mi casa a pesar de los consejos que una amiga que le gritaba por el celular insistiéndole lo contrario.

Inolvidable noche aquella. Sorpresiva, como deben ser las noches inolvidables.

Excelente cena y conversación y  después vino el juego de hacernos los adolescente arrancando de la amiga. Me sorprendí de ella y me sorprendí de mi mismo. Con ella descubrí que no siempre soy el mismo amante puesto que supo sacar lo mejor de mi y yo de ella.

Yo aun oculto mi lado sádico y a pesar de ello, esa noche sin pensarlo y de entrada le di un par de correazos con mi cinturón. La noche se desató y la cosa se puso excitante.

Al día siguiente el recuerdo, la reflexión y de vuelta el temor. ¿Qué estará pensando? 

..Bueno no fue tanto, solo un par de correazos de entrada y después con mis manos..ha si, después la amarré con mi corbata..uff y la tirada de pelo mientras me hacia sexo oral…tal vez fue mucho o poco..no conozco a esta mina..¿que mierda estará pensando?

Al día siguiente se fue de vacaciones y no supe más de ella, hasta que llego el primer mensaje al celular..y calentón..con ello también volvió mi relajo. 

Catalina resulto ser una mina tan caliente por escrito como en persona. Durante sus vacaciones y durante varios días nos dimos cita para, con celular en mano enviarnos mensajitos. Boludo me parece ahora..pero la calentura de leer sus fantasías podía más..era difícil dormir después de eso y no se si podría describir su exultante belleza..toda una hembra..

Sorpresivamente, un par de días antes de su llegada de vuelta de vacaciones, me llama al celular  temprano a eso como las cuatro de la tarde. Contesto. Escucho su voz. Bella por cierto..Puta hasta linda voz tenia que tener..”te hablo rápido, estoy en una feria, no quiero que me escuchen mis hijas. Te llevo un regalo”. Yo respondo alguna tontería tratando de parecer interesante. Ella dulcemente dice :"Te llevo una huasca, de cuero blanca para que sigamos nuestros sueños.."


domingo, 16 de enero de 2011

Camino a BDSM. Segunda Estación: Antonella.

Me sentía de mal humor. Antonella me irritaba con frecuencia. Adoraba las horas previas a su llegada al aeropuerto. Yo me había hecho de esto un rito y lo disfrutaba mucho. Buscar un lugar donde quedarnos, lavar el auto, elegir mi ropa, imaginarme los próximos 3 o 4 días solo de sexo y placeres culinarios. Antonella era maravillosa en la cama. Me gustaba mucho sus maletas llenas de disfraces y saber que durante semanas preparaba el viaje. Compraba ropa, aceites para darme masajes, música y traía nuevas  recetas con las cuales deleitarme. De ese modo, el placer empezaba mucho antes. Cada llamada telefónica o correo electrónico era una oportunidad para calentarnos.

Su problema era que hablaba mucho, como buena italiana era extrovertida hasta el extremo. Bromeaba con eso y decía que con ella, yo cumplía la fantasía de todo hombre: una amante Italiana. Hablaba tanto que me desconcentraba y hacia que habitualmente a la salida del aeropuerto me perdiera y terminaba dando vueltas por la autopista intentando llegar pronto a nuestro nuevo escondite.

No me gustaba estar en publico con ella, sobre todo por que se ponía incontrolable. Sus conversaciones me resultaban aburridas, no era interesante intelectualmente y tampoco de un humor que pudiera disfrutar. Me parecía extraño, dado que era obviamente inteligente y de un cuidado y bien cultivado perfil académico. Siempre destacaba.

La recuerdo de niña cuando nuestras madres eran vecinas y se juntaban a cotorrear en la peluquería. Que buenas calificaciones tiene Antonella, que bien toca la guitarra Antonella, que bien nada Antonella. ¡Puta¡, a los siete años uno no puede entender la mala suerte de tener una vecina que hace todo perfecto.  Como mierda se puede nadar, tocar guitarra y hacer las tareas de matemáticas a la perfección. Me resultaba una pulga en el oído. Favorita de los curas del colegio. Había uno especialmente, de vestir elegante, que siempre la llamaba para tocar la guitarra en la parroquia.

En ese entonces, no hacia caso de sus acercamientos infantiles y me parecía flaca y desgarbadas. Tampoco acepte sus acercamientos adolescentes. Eso que fuera cercana a los curas, tocara guitarra en la misa, buena alumna y practicante católica me parecía extremadamente poco sexi para mis necesidades del instante. Me apetecían las chicas malas y me soñaba aprendiendo de algunas de las mayores del colegio.

Ahora era distinto, ya en los cuarenta y tantos años, se había transformado en una belleza. Su pelo desordenado, sus ojos verdes y labios gruesos la habían convertido en una mujer atractiva. Recuerdo sobre todo, sus piernas largas, largas como solo pueden serlo las piernas lindas. Recuerdo sus piernas tostadas, esa sorpresiva noche cuando la vi en una calle oscura caminando sola y con el rabillo del ojo  la reconocí después de casi veinte años sin verla y terminamos en la barra de un bar.

De esa noche en el bar habían pasado unos dos años en que la seguí rechazando como siempre. Hasta que un día me lo dijo directamente por correo electrónico y acepte tener sexo con ella. No se porque, me pareció excitante que la  buena chica de la infancia fuera ahora una mujer directa y sin temores. Le pedí que comprara de inmediato pasajes y a los cinco minutos estaba todo coordinado.

De ese primer viaje ya había pasado un tiempo y ahora en este nuevo encuentro, puta que me tenía aburrido. Por que cresta acepto esto, me pregunte en silencio.

Le di vuelta la espalda, pensé irme, para mi transcurrió un segundo o dos. Deben haber sido unos buenos minutos. De pronto sentí su presencia nuevamente detrás de mí. Yo miraba hacia la puerta. Ella tomo mi mano con fuerza y yo gire con violencia. Allí estaba parada frente a mí, con una bata de enfermera adecuadamente corta para la ocasión y abajo una ropa interior de encaje negro. Sentí como el calor recorría mi cuerpo y me venia la calentura, me sentí manipulado. Se acerco, me hablo al oído: “Perdón, no te vayas. Me entrego a ti, te obedeceré, condúceme con mano firme”. Todo transcurría muy rápido, yo habría su bata para descubrir que su ropa interior era aun mas linda y caliente. Su estomago plano, su piernas suaves, sus ojos ahora calmados, un mechón sobre su rostro. Yo mordía sus labios, ella llevaba sus manos sobre mi pantalón y desabrochaba mi cinturón. Sentía sus mejillas rojas de excitación, yo disfrutaba de cada gesto pero también algo de desconfianza sentía de sus ruegos. La tome del pelo. Esto no te saldrá gratis, le advertí. Le recordé una conversación telefónica muy sensual donde me dijo que opinaba que a una mujer la hace su hombre.

En ese entonces, la sentí machista y conservadora, me reí, desde mi posición liberal, de sus dichos. Otro cuento es con guitarra y ahora, en ese instante, era una mina rica, exquisita en mis brazos prometiendo obedecer.

Esa noche, yo no estaba para juegos y se lo hice saber, le seguí tirando del cabello, mordiendo los labios, humillándola, quería darle una última oportunidad de dejarme ir. Una vez anterior le di un correazo en las nalgas y río. Esta vez seria distinto. No recuerdo exactamente mis palabras pero ambos teníamos claro que esta vez seria distinto y cuando le ordene ir a la habitación y ponerse de cuatro patas en la cama, ambos sabíamos que la iba a castigar.

Cuando trato de recordarlo todo, siempre encuentro alguna laguna mental. Me recuerdo, mirándole el culo, con la bata blanca apenas cubriéndolo. Que hermosa vista, lastima no haber sacado una foto. La acaricie sobre la bata y después debajo. Corrí lentamente la bata para no perderme nada. Comencé a darle nalgadas despacio y después más fuerte. Aguantó bien. Sentí mis manos calientes al igual que su cuerpo.  Puta,puta, puta.. Tienes que aprender..parecía un pez como aleteaba sobre la cama al darse vuelta para darme sexo oral. La tomaba del pelo, después al suelo de rodillas para seguir languetiandome. La bata blanca ya no estaba y seguía con calzón y sostén. Fucking Face. Con sus mejillas rojas, me miraba complacida. Yo aun desconfiado.

Luego, me canse, no quise seguir. La acosté sobre la cama. La acaricie entera, le mordí los pechos. Le pedí se masturbara. La mire, se veía bella. Me levante a buscar algo para beber. Abrí una botella de champagne, bebimos la mitad.

Mire la hora. Recién medianoche. Voy a dormir, despiértame en cuatro horas más, con otra ropa. 

Camino a BDSM. Primera estación: Ágatha.

“Cualquiera que sea tu historia, bienvenido. Has emprendido un largo viaje
hacia la honestidad sexual y la revelación personal. Puede ser un camino
arduo, pero es el único modo de conseguir lo que deseas. En el decurso, te
parecerá que hay un montón desalentadoramente grande de conocimientos que
aprender; no te desanimes. El Amo más perverso del mundo, la dómina más
imaginativa, empezaron igual que tú hoy: curiosos, excitados y algo
inseguros.”

Pat Califia

Hacia calor esa tarde. Mucho calor. Febrero en Santiago es un mes que me desespera. Lo mío es el otoño, ideal una tarde después de lluvia suave cuando puedo ver toda la cordillera. Ese día, definitivamente, no era él de mi otoño preferido. Sentía que las suelas de mis zapatos quedaban derretidas y pegadas tras cada paso.

Al aproximarme, agotado,  a la estación del metro acordada, la vi de inmediato pues me esperaba a nivel de la calle y no adentro de la estación. Con Ágatha teníamos largo rato de amantes, en general nos quedábamos de juntar solo para sexo. Ya no era una mujer atractiva. Constantes subidas y bajadas de peso habían dejado una mala huella en su trasero..Hoy gordo y caído. Profesora de un colegio, la primera vez que la vi,  reclamaba rabiosa como siempre, no se que cosa al director, quien estaba algo arrinconado y sorprendido por la situación. Esa vez no me atrajo, tampoco las siguientes veces que me encontré con ella. No me atraen las brujas y Ágatha era de las peores, siempre queriendo salirse con la suya.

Hace unos años atrás, también en verano estaba arrendando una película cerca de casa y nos vimos entremedio de los pasillos. Esa vez se veía relajada, como chica hippie de los años sesenta. Tostada y con una blusa que sin mostrar nada insinuaba la ausencia del sostén. Reía, eso me atrajo y sin perder la sonrisa me pregunto algo sobre que película buscaba o me gustaba y cosas así. Siempre me han gustado las minas que intentan seducirme. Casi siempre lo logran. De inmediato le dije que me ayudara en la búsqueda y la viéramos juntos. Accedió, nos reímos, elegimos la película y quedamos de vernos mas tarde.

De ese primer encuentro sexual habían pasado varios años. Entremedio nos habíamos dejado de ver. Me aburría. Ahora estaba frente a mí, sin la figura de antes. Me sentía algo estupido, su conversación tampoco me atraían mucho y no se porque la había invitado a Valparaíso a escuchar tangos. Seguro que porque estaba solo y no quería quedarme encerrado en mi departamento. También, por que Ágata era muy buena amante. Lo chupaba como ninguna. Una vez le pregunté por su técnica y me contó que había buscado información en Internet. Lo que me excitaba no era la teoría que manejaba, sino que la práctica adquirida la convertían en una profesional.

Me acerque a la estación. La saludé, cortés, disimulando mi poco entusiasmo y bajamos rápidamente a tomar el tren que nos llevaría al terminal de buses.

Dos horas mas tarde, ya estábamos en Valparaíso. En cuanto nos bajamos sentí el aire más frío y relajado que Santiago. Me empecé ha acomodar. No demasiado, pero ya definitivamente preparándome a pasarlo bien. Rápidamente llegamos cerca del cerro Concepción y buscamos un lugar barato donde quedarnos esa noche. No llevábamos equipaje, solo que según recuerdo, nos queríamos asegurar el hospedaje. Nuestra relación era fría, eso me gustaba. Nada de amurracos. Ágatha tampoco se acercaba. Más por orgullo que por falta de deseo. Cuando no estaba brujeando, se ponía tímida. Esto tampoco me resultaba muy atractivo. El único atractivo que para mi ella tenía, era mi recuerdo de sus mejores años.

Ya en el restaurante pedimos congrio con ensalada y vino, mucho vino. No soy de aperitivos. Entre medio, escuchamos los tangos cantados por unos viejos lindos que se rotan casi sin parar. Tiene cuento el lugar. En las paredes se dejan ver fotografías, del mismo grupo de cantantes de cuando llegaron jóvenes a cantar hace 30 o 40 años atrás.

Había mucha emoción en el ambiente, lo que nos ayudo a relajarnos. Intimamos, por un instante la conversación nos acerco. Ella miraba algo sorprendida, yo miraba su escote y sus generosos pechos. Tenía el pelo ensortijado y salvaje, que de cuando en cuando yo acariciaba con fuerza. La sentí cediendo, entregándose en cada gesto.

Valparaíso es una ciudad extraordinaria, cada cierto rato entraban al restaurante personajes raros, imitadores de cantantes famosos, poetas delirantes, vendedores y muchos más. Todo ello, para completar un cuadro extraordinario, una noche fantástica.

Las luces, el vino, el ambiente me habían puesto de muy buen ánimo. A las 4 o 5 de la mañana anunciaron el cierre inminente del lugar en acuerdo a la ley. Fui al baño a mear, ya sentía el efecto de la buena mesa y salimos abrazados con Ágatha medios borrachos.
Me sentí exultante, la vi relajada. Tomamos un taxi, la posada quedaba cerro arriba y no me venía bien la caminata. Me apretó el pene con su mano por sobre el pantalón. Le mordí los labios, mientras ella miraba con un ojo al chofer, intentando hacerme pasar un mal rato. Soy tímido en público. Le advertí que no siguiera. De pronto, a la bajada del taxi Ágatha corrió en dirección opuesta, hacia un mirador. Pagué el taxi y nuevamente sin muchas ganas me fui a celebrar su nueva jugarreta. Ágatha, miraba el mar con euforia. De pronto debe haber notado mi impaciencia y se dispuso a molestarme. Agotado y recordando mi mala onda antes de partir trate en vano que ese juego terminara. Ágatha corría por el mirador en forma burlona, sexi, desprolija, ebria, simpática. Se subió la blusa y corrió el sostén mostrando los pechos al aire. Hermosos pechos, pero a  mi no me va eso de hacer escándalo en la calle. Recuerdos de Juventus y de represión militar en mi campus universitario me llevan a alejarme de cualquier situación que me acerque levemente a un cuartel policial. Hasta aquí la cosa iba bien y no quería ensuciar la noche. Apenas logré contenerla y llevarla a la habitación.

Una vez adentro de la habitación, me sentí en control. No recuerdo que hayamos prendido la luz, con la sensación y excitación que me generó haberme sentido en peligro comenzamos a acariciarnos. Por fin éramos uno solo. Ágatha era buena amante, una vez que se concentra la cosa se pone excitante. Eso si que como amantes que se conocen, solíamos tener una rutina. Algo ocurrió, no recuerdo bien, el lugar era lúgubre , sucio, oscuro, barato lo que le agregaba excitación extra a una noche que podía ser otra mas de sexo oral, penetración vaginal, algo mas por aquí y por allá y a dormir. Esa noche era distinta, sentí un calor enorme. Ambos más calientes que nunca. En la penumbra de la habitación vi tirada mi ropa por el piso y mi pantalón a medio caer de la cama. Ágatha me miraba complacida y se retorcía en la cama. Con una mano, la doy vuelta boca abajo mientras que con la otra alcanzo mi pantalón. Observo su cuerpo en la penumbra y me pareció el de entonces. Le mordí la oreja mientras sacaba el cinturón del pantalón y lo acomodaba en mi mano derecha. Mientras tanto, con la mano izquierda la recorrí desde los senos hasta el estomago, invitándola a parar el culo. Pasan unos segundos. Le doy el primer azote, ella se acomoda para el segundo. El gesto, me excita y le doy el segundo, tercer, cuarto azote... No se cuantos. Entre medio, note que se tomaba el pelo con ambas manos y paraba más el culo.. Era increíble la sensación, pensé que mi corazón reventaba..Cansado de tanto darle la doy vuelta para penetrarla por la vagina..Me aprieta con fuerza, cruza las piernas detrás de mi espalda.. Respiro, siento el calor, descanso..Me distancio, nuevamente la doy vuelta y la penetro por la vagina con su culo tocándome la pelvis..Toco fuerte con mis manos su cuello, espalda, y caderas. Pienso en el sexo anal. La tomo del pelo, siento que ya no puedo más y eyaculo con fuerza.

Me tiro en la cama y nos quedamos dormidos casi de inmediato.

Nos despertamos dos o tres horas después, necesitaba volver temprano a Santiago y ella lo sabia. Nos vestimos casi sin hablar, yo medio confundido para que voy ha decir otra cosa.

La habitación ya estaba pagada, así que nos fuimos rápidamente. Ya en el bus y premunidos de agua mineral para capear la borrachera conversamos de cualquier cosa. Algo más amigos, nos tomábamos de la mano y conversábamos alegremente. Ya en Santiago nos bajamos en el terminal y yo la acompaño a tomar un bus de acercamiento a su casa. Yo después tomaría el metro. Nos despedimos de un beso en la mejilla. No digo nada. Se va.

Al minuto, aun parado allí, me suena el celular. Contesto, escucho la voz de Ágatha: Todo bien, me gusto. Llámame.