viernes, 25 de marzo de 2011

Una sorpresiva Noche BDSM

Me llamó Clarisa como ha eso de las tres de la tarde para contarme, que el club del cine se juntaba esa noche en su casa. También para  decirme que esta ocasión no era cualquiera, sino que celebraba su cumpleaños. Agregó que en esta oportunidad ella invitaba unos finos mariscos que le había traído un amigo de una exportadora del sur de Chile y que yo llevara un buen vino y algo mas..bueno, toda la conversación habitual en esos casos. 

Entre risas, Clarisa, me contó que habría pocos invitados,  porque algunos de los integrantes del club del cine estaban fuera de la ciudad y otros enfermos producto de los fríos invernales. Por lo tanto, me advirtió que llegara temprano porque habría pocos comensales y mucho que comer, beber, además del cine, la conversa y porque no un buen trasnoche.

A los del club del cine los ubicaba y eran solo un grupo de no más de diez personas que se juntaban, habitualmente, a ver alguna película de cine arte y después la comentaban, compartiendo alguna botella de buen licor. Lo interesante, era que en algunas ocasiones invitaban a algún experto o escritor para que le diera mas contenido a la conversación. No era una gran joda, tampoco para esperar un carnaval. Eran un grupo simpático de seudo intelectuales, tipos de izquierda, artistas, poetas y a los cuales se les unía dos tipos muy jóvenes y economistas de derecha, lo que al menos aseguraba una buena polémica.

A Clarisa, la conocía hace muy poco a través de un amigo en común y siendo que la considero una mujer muy atractiva, nunca la consideré para mí. Yo, agradecí la invitación y quedé de llegar a las ocho en punto. Después de hacer un par de cosas, fui a mi habitación y me dispuse a dormir una siesta.

Pasada unas horas desperté, mi habitación es muy obscura. Me acordé de inmediato de Clarisa, la invitación, el cine, el supermercado, la botella, los mariscos, uff..me abrumé. Sentí el compromiso y la obligación. El panorama que se me presentaba no era malo, pero me sentía hace muchas semanas algo depresivo y por lo tanto, me habría quedado feliz durmiendo hasta el otro día. Pensé en Clarisa, supe que no le fallaría. Desde un comienzo entendí que su invitación era en parte una forma de ayudarme a salir de ese estado.

Me levanté, hice café, me serví una jarro generoso, volví a la cama y me acomodé con el café en mi mano. Me sentí cómodo y empecé a elucubrar una historia para no ir al cumpleaños, hasta que de pronto sonó mi teléfono celular.

¿ Hola ya vienes en camino?

No,

¿Te puedo encargar algo?, tráeme unas aceitunas y queso fino del supermercado. ¿puedes?

Clarisa siguió hablando: No importa que tú estés atrasado, seremos pocos: Dos amigos del club, mi amigo del sur, mi hermana, yo, tu, ahh y tal vez me venga a verme un amigo mas tarde.

Jajaja, ese amigo “mas tarde”,  me sonó como a “su” regalo de cumpleaños que esperaba y nosotros parte del escenario. Pero ya esta, a la ducha,¿ como le dices NO a una amiga así?

Finalmente llegué al departamento de Clarisa, previo paso por el supermercado. Me recibió esplendida en su infinita fría belleza. Amable, por cierto. No había nadie aun para mi sorpresa. El departamento elegante y la decoración minimal. En eso coincidimos. A continuación, me sirvió un excelente cabernet, en una hermosa copa. Hablamos unos minutos y rápidamente llegaron Carlos y Samuel, los dos tipos del club del cine.

Los recién llegados, nos contaron que la película elegida para esa noche era “la secretaria”. Yo sabia de lo aires intelectuales de este grupo y no me coincidia que la película seleccionada para el análisis de esa noche, tuviera una portada donde aparecía una chica con medias de encaje, tomándose los tobillos, mostrado el culo  en posición de recibir castigo. La explicación fue que, esta película había recibido un importante premio y era considerada la mejor película del año en la categoría de “Humor negro”.

A mi me gustó el culo de la portada, del premio ni idea.

De pronto sonó el citófono y era Cristian, él que había regalado los mariscos. A su llegada le agradecimos y bromeamos.

A falta de muebles, algunos nos tiramos en el suelo sobre unos cojines a conversar, tomar vino y comer los quesos que yo había traído, mientras otros arreglaban el comedor y todo lo necesario para ver la película.

De pronto alguien pregunto, ¿estamos todos?

Clarisa, contesto desde la cocina: No, falta que llegue Paula, mi hermana que siempre llega tarde.

No acabó de hablar y sonó el citófono nuevamente. Debe ser ella, acotó Clarisa.

Esperé atento al timbre de la puerta. Me paré y le abrí.

Paula era parecida a Clarisa, compartían un aire familiar. No era tan bella, algo más voluptuosa. De contextura más gruesa, sin ser gorda tenía al igual que su hermana ese tono pálido de piel y los cabellos negros. No me pasé ninguna fantasía. La recibí con un beso en la mejilla como lo hacemos habitualmente en Chile y recibí sus donaciones para la ocasión: Un buen vino y un exquisito café.

Mientras Paula entraba living a saludar a los comensales, yo hice lo mío caminando a la cocina a dejar lo traído. De pronto apareció detrás de mí Paula para saludar a Clarisa. Sentí su pecho muy cerca de mi espalda y  sus manos  en mis hombros. Sentí el roce y no le dí importancia. Pasó rápidamente y de un beso se saludaron ambas. La cocina era pequeña y pude apreciar de cerca el rostro de Paula. Un pelo desordena y abundante, acompañaban una sonrisa amplia y acogedora. Todos nos fuimos al living, y entre cojines seguimos la conversa hasta que Clarisa nos hizo pasar a la mesa.

Paula se sentó al lado mío. La comida era un festín y todos estuvimos de acuerdo en dejar la película para la hora del café. Me empecé a excitar de a poco y ha interpretar los hechos recién ocurridos desde una perspectiva  más positiva. ¿y si el roce en la cocina no era casual?

Cuando uno cambia la mirada, todo cambia a nuestro alrededor. Su sonrisa ya no me parecía picara, sino que mas bien insinuante. Sobre todo cuando ponía mariscos en mi plato al momento que ella se llevaba uno a la boca con su mano. Me miraba, sonreía, movía su estupenda cabellera y comía con esos labios gruesos, bellos, fuertes de hembra decidida. De pronto, sin mediar provocación ni esfuerzo de mi parte, sentí su muslo pegarse al mío. Sentí su cuerpo caliente. Casi su piel, a pesar que su pantalón y el mío separaban nuestra piel.

Han pasado muchos años desde entonces y aun no puedo olvidar ese instante. No es solo una mina poniéndole la pierna al tipo para que este se caliente. Es el gesto que ella llevo a la perfección. La seducción es un arte y aquí todo era como un ballet de seducción y erotismo. A penas conocía su nombre y ya adivinaba sus pensamientos. Nuestros cuerpos empezaron danzar en el anonimato como si se conocieran por siglos. Si de arte de seducción queremos hablar, este acto estaba en estado puro.

Por unos minutos me turbe, la sorpresa fue mayúscula. Sin embargo, me recuperé rápido. Aparecieron nuevamente los comensales, la mesa, los mariscos, el vino y la conversación. De alguna manera entendí que el juego era esconderse de los otros, por lo que me incorporé animadamente a la conversación intercalado por pequeños juegos con mis pies y visitas de mi mano que la acariciaba por debajo de la mesa. Ella también hizo lo suyo. Todo muy sutil, la gracias era no ser sorprendidos. Jugar con ese límite, lo hizo infinitamente excitante y una sola broma de algún comensal, sorprendiéndonos en el flirteo habría transformado una noche de clase mundial en una aventura de cuarta.

Llegamos al final de la cena, extasiados por la calidad de lo disfrutado. Bromeamos todos con que ahora venia la parte difícil de lavar los platos y ordenar. Nadie quiso postre. Acordamos darle con el café y la película. Clarisa, de pronto dijo que Paula y yo  éramos los más flojos del grupo puesto que hasta aquí no habíamos trabajado nada.

Basto eso para que Paula contestara rápidamente: Ok, nosotros lavamos los plato y hacemos el café. Acto seguido, me tomo de la mano y nos fuimos a la cocina.

Tan solo cruzar la puerta nos besamos. No recuerdo haber dado otro beso con más pasión. No muy largo, porque sentimos los pasos de Clarisa trayendo los trastos de cocina para el lavado. Todo fue muy cómico, considerando que ambos estábamos alrededor de los cuarenta años. Ella unos 37 y yo unos 42 años. Pero, bueno ese era el juego y saltamos cada uno a su lado con sonrisa cómplice, haciendo cada uno lo suyo.

No conversamos casi nada. Continuamos el juego poniendo oídos que nadie viniera y nos sorprendiera. Descubrí que los límites calientan el ambiente. Todo por sobre la ropa, seguimos el juego entre platos sucios, olor a comida y lavaloza. Los besos, mordiscos, roces y demás se acompañaban de disimulos cada vez que alguien se aproximaba. Mi excitación era fuerte y mi elección era contenerme, el juego estaba en su máximo apogeo y ahora teníamos la ocasión de ver una película calentona.

Llevamos el café a la mesa y nos dispusimos a ver la película puesto que, ya todo estaba preparado para ello. Se eligió la mesa del comedor, dado lo minimal del living. Me gustó la idea porque me acordé de su pierna tibia.

Todo se enfrío, Paula dejo de jugar por debajo de la mesa y se concentró en servir el café y hacer de anfitrión junto con su hermana. Incluso en un momento se paró y se sentó al frente mío para volver una media hora después.

La película avanzaba y hasta ahí era solo buen  humor negro.

De pronto apareció la escena del spanking y Paula volvió al lado mío Sentí nuevamente ese muslo, exquisito, tibio a travesando nuestras ropas. Yo en ese momento no relacioné nada. Seguimos todos viendo la película, entre medio de risas, bromas y un ambiente que cada vez se volvía mas caliente.

Al terminar la película nos pusimos todos a baila. Todo me resultaba extraño, porque sólo había dos mujeres y sentía que todos estaban muy excitados. Yo no le quitaba ojos ni atenciones a Paula.

Finalmente, llego la hora de irnos. Yo no estaba muy seguro de lo que sucedería.

Subí al ascensor junto a Paula. Me miró, con una sonrisa muy leve casi seria me preguntó. ¿Te gustó la película?

Le respondí que si.

¿Dónde quieres que vayamos ahora, agrego?

A  mi departamento contesté.

Sonrió complacida, mostrando sus hermosos dientes.

¿Te la puedes preguntó?

Y yo entendí que hablábamos de la película. Me sentí feliz y complacido.

Conteste lacónicamente : SI.

Esta historia continua.

sábado, 19 de febrero de 2011

Sueños de Niñez

Recuerdo desde siempre haber tenido las mismas fantasías.

Me veo en la casa de campo de unos tíos donde pasábamos parte de las vacaciones.  Estoy  en cama, mirando esos techos altos de las casas antiguas. Recuerdo el ropero color burdeo, las camas de fierro y los colchones viejos; unos que para una cama normal se dividían en dos.

Debo haber tenido unos doce años entonces, y me recuerdo cerrando los ojos y abrigándome debajo de las frazadas intentando no quedarme dormido para durante horas hilvanar historias.

Mis historias siempre eran con más de una chica a la vez y mayores. Ni modo de fantasear a los doce años con una nena menor. Cuando fui creciendo fui también fantaseando con las de mi edad, pero eso debe haber sido algunos años después.

Mis fantasías rondaban, desde que recuerdo,  en torno a dar nalgadas y dominar. Nada ha cambiado en mí. Soy lo que soy. Esta en mi esencia. Solo que ahora al encontrarnos en Internet y compartir información, todo cobra un sentido manifiesto. ¡Bendito Internet¡

Recuerdo que en la fantasía yo dominaba a unas chicas del colegio, del vecindario o amigas de cualquier lado. Mi harem iba creciendo y cuando conocía a una chica atractiva, en la noche fantaseaba que la reclutaba para mi grupo. Cada noche, la historia seguía donde la había dejado la noche anterior. Las cuidaba, disciplinaba, tenían roles, tareas. En mis fantasías había ciertos ritos. Me resulta extraño ahora,  como esas fantasías de mi niñez hoy las veo presente en el BDSM. Una que recuerdo, es que cada cierto tiempo las pesaba y si habían engordado les daba unas nalgadas y debían bajar los kilos que habían subido. Hoy no tengo nada contra las gordas, es solo que esa es la fantasía que recuerdo y más bien tiene que ver con la dominación y humillación, pienso ahora.

En la fantasía yo era un amo duro pero no cruel. Al no tener un referente y no poder ponerle nombre a mi rol de fantasía, que ahora seria Dom y punto, me sentía mal. No culpable, pero contrariado puesto que no sabía si estaba fantaseando con ser un mafioso bueno que prostituía a las chicas o con algo peor.

Me gustaba imaginarme como un amo bondadoso, con quienes ellas crecían como persona. Se distinguían por su elegancia y modales que yo procuraba que aprendieran.

En algunos periodos todas las chicas eran mías y en otras las prostituía. Las entregaba a mis amigos y otros hombres con los cuales me quería congraciar. Nunca mis chicas me odiaban, siempre me amaban porque era su dueño y las cuidaba. Cuando las castigaba lo hacia con justicia.

Recuerdo que una fantasía era como una especie de carrusel, donde las chicas trotaban alrededor mío y yo le pegaba en las nalgas con un látigo. Esos castigos tenían que ver con un error colectivo o porque las sorprendía cubriéndose entre ellas una falta con mentiras.

Había un calendario, donde una noche dormía con una y la siguiente con otra, hasta que a todas les tocaba un turno. A veces tenía sexo con más de una, pero no muy seguido porque eso me parecía complicado.

En mis fantasías me orinaba sobre ellas y mantenía las condiciones varoniles de la realidad. Esa que nos indica  que los hombres no podemos eyacular a cada rato, así que me administraba. En ese sentido mi fantasía era muy realista.

También ocurría que a veces liberaba alguna chica y ella dejaba de ser parte del grupo y entonces, yo inventaba una ceremonia de despedida oficial y melodramática. En mis fantasías las chicas tenían la misma personalidad que la de la vida real, así que si era mala conducta en el colegio yo me la imaginaba dándole nalgadas en la noche. De pronto me encontraba en algún lugar con una chica que en mi fantasía yo había liberado. Ese encuentro provocaba que en la noche me imaginaba que ella nos visitaba y participaba de un juego con nosotros nuevamente.

A veces me gustaba imaginar una cama muy grande donde dormíamos en grupo hasta tarde..éramos felices..

…Como a los dieciséis años las fantasías empezaron a desaparecer. No recuerdo haber elaborado historias complejas y completas en la universidad. Fue algo espontáneo, desconozco la razón. En parte puede ser por alguna novia que me tenía ocupado o por auto censura..Asumí posturas políticas en mi vida que tal vez, solo tal vez no permitían darle legitimidad a mis deseos.

lunes, 31 de enero de 2011

El disfraz

Me invitó a pasar al living y esperarla.

Camine unos pasos, abrí la puerta y entré. Inmediatamente me sentí complacido. Living y comedor formaban un sola y gran habitación. Todo estaba alumbrado por velas de distintos tamaños que, imaginé, formaban un sendero. Por la ventana se podía apreciar un hermoso y algo descuidado jardín. Descuido que solo lograba otorgarle una mayor belleza, algo salvaje, ideal para la ocasión.

A un costado del sofá de cuero, me esperaba una elegante copa de champagne. Me sentí alagado. Se podía escuchar una música que agregaba placer al encuentro. Me senté, observé la situación, sentí concientemente mi agrado. Agradecí por estar ahí. Respiré, sentí el sofá y me la imagine allí, desnuda en cuatro patas mirando hacia el jardín y yo parado detrás de ella mirando su cuello, espalda y culo. Sentí mi excitación, acomodé mi pene y tome champagne…escuche su voz desde el fondo de la casa. ¡ ya voy ¡

Pasado unos minutos ella me dice. “Necesito que con el control remoto sin pararte del sillón, cambies la música”. Sigo las instrucciones, a estas alturas medio muerto de la risa. La magia se me ha ido un poco y las velas y toda la preparación la empiezo encontrar un poco adolescente.

Finalmente ingresa a la habitación, y empieza a bailar al compás de la música. Nada muy sexi ni sensual. Ninguno de los bailes típicos de estas situaciones. Empiezo a comprender que me tiene preparado un espectáculo. Baila muy bien, gesticula con las manos y rostros. Todo impecable, me siento un rey, mi excitación aumenta, vuelve la magia. Esta mina me hace sentir importante, la miro, disfruto. Termina de cantar y empieza otra música. Se acerca me muerde los labios. Yo complacido, asumo mi rol. Me trata como un rey, su amo y eso soy. Ella es mi sumisa, y ha actuado con diligencia. Dejo ir la emotividad, para dar paso al erotismo. La tomo con fuerza, le suelto las amarras que sostienen su vestido. La abrazo, nos besamos. Ella cae de rodillas, besa mi pene con pasión. Observo su mirada. Perfecta, me observa sumisa y complacida. Me inclino y la tomo del culo. Le doy unas pequeñas nalgadas. Pregunta porque. Le contesto dándole dos nalgadas muy fuertes. Ríe de buena gana, sabe que lo ha hecho muy bien y que la tengo difícil. La tomo del pelo. Observo su elegante disfraz, mas me excito. Me acuerdo de mi fantasía  de la espera. Juego con su ano, meto mis dedos. Me paro detrás de ella como había imaginado, pero hoy no quiero sexo anal. Añoro su vagina. Ahí esta en cuatro patas mirando hacia el jardín y yo parado detrás de ella mirando su cuello, espalda y culo…

sábado, 29 de enero de 2011

Tarde de domingo

Desperté. No abrí los ojos. Recorrí mentalmente la habitación. Recordé la bandeja con la taza de café a medio tomar y las migas de pan sobre el plato. La ropa tirada por algún lugar de la habitación. Mi escritorio lleno de libros, el computador encendido con excepción de la pantalla. El sofá de cuero con algunos CD’s y diarios y revistas. El equipo de música, ya algo viejo y obsoleto. Las benditas cortinas que permitían obscurecer la habitación y dormir a cualquier hora del día.

Imagine que eran las tres de la tarde. Sentí mi transpiración, el olor del cuerpo. Disfrute complacido, saque mi pierna derecha debajo de la sabana para cruzarla sobre la pierna izquierda y quedar casi sobre mi estomago. Sentí el miembro erecto, duro. Me sentí fuerte.

Me acorde de mis encuentros con Agatha. Abrí los ojos, busque con una sonrisa en mis labios el teléfono y marqué.

“Agatha, hola. ¿Cómo estas? ¿Qué haces?

Les explique donde y en que estaba. Río de buena gana. Te espero en media hora, le dije en tono imperativo asumiendo mi rol. No soy muy experto, pero cuando no asumimos claramente nuestro rol, traemos confusión a la relación. La buena onda se convierte rápidamente en mediocridad y es fácil terminar construyendo una relación que no nos agrada.

Agatha intentó negociar los tiempos. Me mantuve firme y le pedí esfuerzo en el cumplimiento de la tarea.

Todo esto me encendió aun mas, pensé que explotaría. El pene me dolía.

Intente suavizar la espera con un café, mi pene ya no estaba erecto como antes pero mi excitación aun estaba presente. Miré ahora con los ojos abiertos y recorrí nuevamente la habitación. Observe mi sofá de cuero negro. Amo ese sofá. Me acorde de Agatha en cuatro patas sobre el sofá, de rodillas chupándome el pene mientras estoy sentado o ella saltando encima mío..uff..cuando falta, no aguanto más..solo quiero que llegue, tener sexo y ya...

Finalmente suena el citófono, y autorizo su entrada. Me quedo mirando por la mirilla detrás de la puerta. La veo salir del ascensor. Abro la puerta, la recibo de un abrazo, La tomo de la mano. La llevo a la habitación. Esta hermosa. Ríe. Me siento en la cama y la desnudo mientras ella me observa parada.

Una vez desnuda, le doy pocas pero fuertes nalgadas. Hoy no estoy para bromas, le advierto. La pongo sobre la cama, de espaldas mirando hacia atrás, donde permanezco parado. Adivino que ella supone que nos daremos sexo oral mutuamente y al mismo tiempo. La dejo pensar en eso. Me inclino, y ella roza con sus labios mi pene , yo acaricio suavemente su concha con mis dedos, la beso. No mucho. Me acomodo y meto mi miembro en su boca. Puedo ver su boca abierta y sus ojos mirándome, como pidiendo instrucciones. Esta muy fría aún. Vuelvo a la carga, marcando con energía el gesto. Meto nuevamente mi pene adentro de su boca y empiezo a moverme. Lo saco, la tomo de los hombros y la acomodo un poco mas atrás, su cabeza queda al borde de la cama, pero aun cómoda. Imagino que es la posición perfecta y retomo la acción. Me inclino y le doy una nalgada muy fuerte. Vuelvo por tercera vez a meter mi pene sobre su boca y me muevo con soltura..mas fuerte y mas fuerte..digo “ya chupame hasta reventarme”. Ella sabe que debe tomarse todo el semen. La tomo del cabello, la acaricio y continúo moviéndome..mi mente vuelve al comienzo la bandeja, el café, los restos de pan.. mi despertar excitado..siento que ya.. es el momento..y suelto un chorro de semen que Agatha intenta con energía capturar. Su rostro esta rojo medio de excitación y medio de rabia. No me importa en absoluto, lo disfruto. Le grito que siga..No quiero perder ese minuto. Me sigue lamiendo, limpiándome, escupe. La reprendo.Sigue con los testículos, entre medio de las piernas y retoma con el pene. A esas alturas, constato con sorpresa que yo estoy acostado de espaldas y ella de rodillas en el suelo limpiando todo mi cuerpo con su lengua. Lo hace con energía, ha aprendido con duros castigos que el semen no se desperdicia.

Después de un rato, ya no deseo continuar. Le indico que se vista y se vaya. Me mira sorprendida. No dice nada. Pide ducharse, accedo. Vuelve orgullosa e intenta sonreír. Me da un beso y me dice adiós. Camina por un breve pasillo, a la derecha se encuentra el baño donde acaba de ducharse y a la izquierda la puerta de salida. Me mira y me lanza un beso, dice “me debes una, esto fue todo para ti”. La miro cansado, no reacciono se pierde de mi vista. Reacciono tarde. Salto de la cama. Corro a la puerta de la habitación. Desde ahí la observo parada en la puerta de salida del departamento. La miro serio: “no te debo nada, espérame a las nueve voy con la varilla”. Me mira en forma tierna, me lanza un beso y se va..Quedo contrariado. Vuelvo a la cama y duermo.

La Caminata

No conozco muchas minas que sepan caminar cuando las mandas a a buscar la fusta. Tengo una fantasía con eso, los hombros son importantes. Me enfría si camina con la espalda levemente encorvada; y con los brazos y manos cayendo al suelo.Sin gracia. Ya derrotada y en silencio. Reconozco en eso algo importante,  la cara de derrotada no me gusta. Ni siquiera me da bronca. Me da ganas de irme,  se me quita la excitación.

eh, cuidado tampoco se trata de que vaya feliz a buscar la fusta para recibir su merecido. Parte de la magia esta en que sufra. ¿ o no?

Los ojos son importantes. Es difícil encontrar algo mas importante. Los ojos tiene que expresar sumisión y aceptación. El silencio me confunde. Que me desafíen en el momento de la caminata, también. Más apropiado es apegarse al rol. Frecuentemente hecho de menos la teatralidad. La sesión es un rito,un acto que ocurre en un contexto. Mientra mas cuento mejor. Responder con un gesto de calentura. Morderme los labios por ejemplo y alejarse despacio, deslizandose por la cama mirandome a los ojos decidida, pero con una leve esperanza de distraerme y postergar el castigo. Despues me vendria bien, algo de desenfado y caminar semi desnuda con zapatos de taco alto. Siempre los tacos, nunca fallan. Volver a la cama. Otra demostración de calentura furtiva y vamos..a la posición de castigo.

lunes, 24 de enero de 2011

Camino a BDSM.Tercera Estación: Catalina

Caluroso ese verano. Bueno como todos, siempre me quejo de lo mismo.

El nombre Catalina, siempre me ha producido algo extraño. Todas las Catalinas que había conocido hasta la fecha eran exquisitamente bellas y también..tontas como puerta.

Puede ser que me este dejando llevar por el prejuicio. En Chile, en la década del 60 y 70 le decían Catalinas a las minas de clase alta que se las daban de hippies. El “mote”, se refería a aquellas chicas que fumaban marihuana, eran liberales, cada cierto rato hacían pasar malos ratos a “papa” y “compraban” ropa hippie.
                                   
Bueno, pero de eso  ya ha pasado mucho rato y pocos se acuerdan de la broma y el estigma. Ahora, yo me encontraba acostado en mi cama mirando ansioso por la ventana, y esperando el momento de intercambiar mensajes con Catalina. No con cualquiera. Esta era mi Catalina. Bella, caliente y de clase alta como las otras y también inteligente y creativa. Me tenía loco a partir de una noche de calentura en que después de cruzarnos miradas en una cena de negocios terminamos en mi casa a pesar de los consejos que una amiga que le gritaba por el celular insistiéndole lo contrario.

Inolvidable noche aquella. Sorpresiva, como deben ser las noches inolvidables.

Excelente cena y conversación y  después vino el juego de hacernos los adolescente arrancando de la amiga. Me sorprendí de ella y me sorprendí de mi mismo. Con ella descubrí que no siempre soy el mismo amante puesto que supo sacar lo mejor de mi y yo de ella.

Yo aun oculto mi lado sádico y a pesar de ello, esa noche sin pensarlo y de entrada le di un par de correazos con mi cinturón. La noche se desató y la cosa se puso excitante.

Al día siguiente el recuerdo, la reflexión y de vuelta el temor. ¿Qué estará pensando? 

..Bueno no fue tanto, solo un par de correazos de entrada y después con mis manos..ha si, después la amarré con mi corbata..uff y la tirada de pelo mientras me hacia sexo oral…tal vez fue mucho o poco..no conozco a esta mina..¿que mierda estará pensando?

Al día siguiente se fue de vacaciones y no supe más de ella, hasta que llego el primer mensaje al celular..y calentón..con ello también volvió mi relajo. 

Catalina resulto ser una mina tan caliente por escrito como en persona. Durante sus vacaciones y durante varios días nos dimos cita para, con celular en mano enviarnos mensajitos. Boludo me parece ahora..pero la calentura de leer sus fantasías podía más..era difícil dormir después de eso y no se si podría describir su exultante belleza..toda una hembra..

Sorpresivamente, un par de días antes de su llegada de vuelta de vacaciones, me llama al celular  temprano a eso como las cuatro de la tarde. Contesto. Escucho su voz. Bella por cierto..Puta hasta linda voz tenia que tener..”te hablo rápido, estoy en una feria, no quiero que me escuchen mis hijas. Te llevo un regalo”. Yo respondo alguna tontería tratando de parecer interesante. Ella dulcemente dice :"Te llevo una huasca, de cuero blanca para que sigamos nuestros sueños.."


domingo, 16 de enero de 2011

Camino a BDSM. Segunda Estación: Antonella.

Me sentía de mal humor. Antonella me irritaba con frecuencia. Adoraba las horas previas a su llegada al aeropuerto. Yo me había hecho de esto un rito y lo disfrutaba mucho. Buscar un lugar donde quedarnos, lavar el auto, elegir mi ropa, imaginarme los próximos 3 o 4 días solo de sexo y placeres culinarios. Antonella era maravillosa en la cama. Me gustaba mucho sus maletas llenas de disfraces y saber que durante semanas preparaba el viaje. Compraba ropa, aceites para darme masajes, música y traía nuevas  recetas con las cuales deleitarme. De ese modo, el placer empezaba mucho antes. Cada llamada telefónica o correo electrónico era una oportunidad para calentarnos.

Su problema era que hablaba mucho, como buena italiana era extrovertida hasta el extremo. Bromeaba con eso y decía que con ella, yo cumplía la fantasía de todo hombre: una amante Italiana. Hablaba tanto que me desconcentraba y hacia que habitualmente a la salida del aeropuerto me perdiera y terminaba dando vueltas por la autopista intentando llegar pronto a nuestro nuevo escondite.

No me gustaba estar en publico con ella, sobre todo por que se ponía incontrolable. Sus conversaciones me resultaban aburridas, no era interesante intelectualmente y tampoco de un humor que pudiera disfrutar. Me parecía extraño, dado que era obviamente inteligente y de un cuidado y bien cultivado perfil académico. Siempre destacaba.

La recuerdo de niña cuando nuestras madres eran vecinas y se juntaban a cotorrear en la peluquería. Que buenas calificaciones tiene Antonella, que bien toca la guitarra Antonella, que bien nada Antonella. ¡Puta¡, a los siete años uno no puede entender la mala suerte de tener una vecina que hace todo perfecto.  Como mierda se puede nadar, tocar guitarra y hacer las tareas de matemáticas a la perfección. Me resultaba una pulga en el oído. Favorita de los curas del colegio. Había uno especialmente, de vestir elegante, que siempre la llamaba para tocar la guitarra en la parroquia.

En ese entonces, no hacia caso de sus acercamientos infantiles y me parecía flaca y desgarbadas. Tampoco acepte sus acercamientos adolescentes. Eso que fuera cercana a los curas, tocara guitarra en la misa, buena alumna y practicante católica me parecía extremadamente poco sexi para mis necesidades del instante. Me apetecían las chicas malas y me soñaba aprendiendo de algunas de las mayores del colegio.

Ahora era distinto, ya en los cuarenta y tantos años, se había transformado en una belleza. Su pelo desordenado, sus ojos verdes y labios gruesos la habían convertido en una mujer atractiva. Recuerdo sobre todo, sus piernas largas, largas como solo pueden serlo las piernas lindas. Recuerdo sus piernas tostadas, esa sorpresiva noche cuando la vi en una calle oscura caminando sola y con el rabillo del ojo  la reconocí después de casi veinte años sin verla y terminamos en la barra de un bar.

De esa noche en el bar habían pasado unos dos años en que la seguí rechazando como siempre. Hasta que un día me lo dijo directamente por correo electrónico y acepte tener sexo con ella. No se porque, me pareció excitante que la  buena chica de la infancia fuera ahora una mujer directa y sin temores. Le pedí que comprara de inmediato pasajes y a los cinco minutos estaba todo coordinado.

De ese primer viaje ya había pasado un tiempo y ahora en este nuevo encuentro, puta que me tenía aburrido. Por que cresta acepto esto, me pregunte en silencio.

Le di vuelta la espalda, pensé irme, para mi transcurrió un segundo o dos. Deben haber sido unos buenos minutos. De pronto sentí su presencia nuevamente detrás de mí. Yo miraba hacia la puerta. Ella tomo mi mano con fuerza y yo gire con violencia. Allí estaba parada frente a mí, con una bata de enfermera adecuadamente corta para la ocasión y abajo una ropa interior de encaje negro. Sentí como el calor recorría mi cuerpo y me venia la calentura, me sentí manipulado. Se acerco, me hablo al oído: “Perdón, no te vayas. Me entrego a ti, te obedeceré, condúceme con mano firme”. Todo transcurría muy rápido, yo habría su bata para descubrir que su ropa interior era aun mas linda y caliente. Su estomago plano, su piernas suaves, sus ojos ahora calmados, un mechón sobre su rostro. Yo mordía sus labios, ella llevaba sus manos sobre mi pantalón y desabrochaba mi cinturón. Sentía sus mejillas rojas de excitación, yo disfrutaba de cada gesto pero también algo de desconfianza sentía de sus ruegos. La tome del pelo. Esto no te saldrá gratis, le advertí. Le recordé una conversación telefónica muy sensual donde me dijo que opinaba que a una mujer la hace su hombre.

En ese entonces, la sentí machista y conservadora, me reí, desde mi posición liberal, de sus dichos. Otro cuento es con guitarra y ahora, en ese instante, era una mina rica, exquisita en mis brazos prometiendo obedecer.

Esa noche, yo no estaba para juegos y se lo hice saber, le seguí tirando del cabello, mordiendo los labios, humillándola, quería darle una última oportunidad de dejarme ir. Una vez anterior le di un correazo en las nalgas y río. Esta vez seria distinto. No recuerdo exactamente mis palabras pero ambos teníamos claro que esta vez seria distinto y cuando le ordene ir a la habitación y ponerse de cuatro patas en la cama, ambos sabíamos que la iba a castigar.

Cuando trato de recordarlo todo, siempre encuentro alguna laguna mental. Me recuerdo, mirándole el culo, con la bata blanca apenas cubriéndolo. Que hermosa vista, lastima no haber sacado una foto. La acaricie sobre la bata y después debajo. Corrí lentamente la bata para no perderme nada. Comencé a darle nalgadas despacio y después más fuerte. Aguantó bien. Sentí mis manos calientes al igual que su cuerpo.  Puta,puta, puta.. Tienes que aprender..parecía un pez como aleteaba sobre la cama al darse vuelta para darme sexo oral. La tomaba del pelo, después al suelo de rodillas para seguir languetiandome. La bata blanca ya no estaba y seguía con calzón y sostén. Fucking Face. Con sus mejillas rojas, me miraba complacida. Yo aun desconfiado.

Luego, me canse, no quise seguir. La acosté sobre la cama. La acaricie entera, le mordí los pechos. Le pedí se masturbara. La mire, se veía bella. Me levante a buscar algo para beber. Abrí una botella de champagne, bebimos la mitad.

Mire la hora. Recién medianoche. Voy a dormir, despiértame en cuatro horas más, con otra ropa.