Me llamó Clarisa como ha eso de las tres de la tarde para contarme, que el club del cine se juntaba esa noche en su casa. También para decirme que esta ocasión no era cualquiera, sino que celebraba su cumpleaños. Agregó que en esta oportunidad ella invitaba unos finos mariscos que le había traído un amigo de una exportadora del sur de Chile y que yo llevara un buen vino y algo mas..bueno, toda la conversación habitual en esos casos.
Entre risas, Clarisa, me contó que habría pocos invitados, porque algunos de los integrantes del club del cine estaban fuera de la ciudad y otros enfermos producto de los fríos invernales. Por lo tanto, me advirtió que llegara temprano porque habría pocos comensales y mucho que comer, beber, además del cine, la conversa y porque no un buen trasnoche.
Entre risas, Clarisa, me contó que habría pocos invitados, porque algunos de los integrantes del club del cine estaban fuera de la ciudad y otros enfermos producto de los fríos invernales. Por lo tanto, me advirtió que llegara temprano porque habría pocos comensales y mucho que comer, beber, además del cine, la conversa y porque no un buen trasnoche.
A los del club del cine los ubicaba y eran solo un grupo de no más de diez personas que se juntaban, habitualmente, a ver alguna película de cine arte y después la comentaban, compartiendo alguna botella de buen licor. Lo interesante, era que en algunas ocasiones invitaban a algún experto o escritor para que le diera mas contenido a la conversación. No era una gran joda, tampoco para esperar un carnaval. Eran un grupo simpático de seudo intelectuales, tipos de izquierda, artistas, poetas y a los cuales se les unía dos tipos muy jóvenes y economistas de derecha, lo que al menos aseguraba una buena polémica.
A Clarisa, la conocía hace muy poco a través de un amigo en común y siendo que la considero una mujer muy atractiva, nunca la consideré para mí. Yo, agradecí la invitación y quedé de llegar a las ocho en punto. Después de hacer un par de cosas, fui a mi habitación y me dispuse a dormir una siesta.
Pasada unas horas desperté, mi habitación es muy obscura. Me acordé de inmediato de Clarisa, la invitación, el cine, el supermercado, la botella, los mariscos, uff..me abrumé. Sentí el compromiso y la obligación. El panorama que se me presentaba no era malo, pero me sentía hace muchas semanas algo depresivo y por lo tanto, me habría quedado feliz durmiendo hasta el otro día. Pensé en Clarisa, supe que no le fallaría. Desde un comienzo entendí que su invitación era en parte una forma de ayudarme a salir de ese estado.
Me levanté, hice café, me serví una jarro generoso, volví a la cama y me acomodé con el café en mi mano. Me sentí cómodo y empecé a elucubrar una historia para no ir al cumpleaños, hasta que de pronto sonó mi teléfono celular.
¿ Hola ya vienes en camino?
No,
¿Te puedo encargar algo?, tráeme unas aceitunas y queso fino del supermercado. ¿puedes?
Clarisa siguió hablando: No importa que tú estés atrasado, seremos pocos: Dos amigos del club, mi amigo del sur, mi hermana, yo, tu, ahh y tal vez me venga a verme un amigo mas tarde.
Jajaja, ese amigo “mas tarde”, me sonó como a “su” regalo de cumpleaños que esperaba y nosotros parte del escenario. Pero ya esta, a la ducha,¿ como le dices NO a una amiga así?
Finalmente llegué al departamento de Clarisa, previo paso por el supermercado. Me recibió esplendida en su infinita fría belleza. Amable, por cierto. No había nadie aun para mi sorpresa. El departamento elegante y la decoración minimal. En eso coincidimos. A continuación, me sirvió un excelente cabernet, en una hermosa copa. Hablamos unos minutos y rápidamente llegaron Carlos y Samuel, los dos tipos del club del cine.
Los recién llegados, nos contaron que la película elegida para esa noche era “la secretaria”. Yo sabia de lo aires intelectuales de este grupo y no me coincidia que la película seleccionada para el análisis de esa noche, tuviera una portada donde aparecía una chica con medias de encaje, tomándose los tobillos, mostrado el culo en posición de recibir castigo. La explicación fue que, esta película había recibido un importante premio y era considerada la mejor película del año en la categoría de “Humor negro”.
A mi me gustó el culo de la portada, del premio ni idea.
De pronto sonó el citófono y era Cristian, él que había regalado los mariscos. A su llegada le agradecimos y bromeamos.
A falta de muebles, algunos nos tiramos en el suelo sobre unos cojines a conversar, tomar vino y comer los quesos que yo había traído, mientras otros arreglaban el comedor y todo lo necesario para ver la película.
De pronto alguien pregunto, ¿estamos todos?
Clarisa, contesto desde la cocina: No, falta que llegue Paula, mi hermana que siempre llega tarde.
No acabó de hablar y sonó el citófono nuevamente. Debe ser ella, acotó Clarisa.
No acabó de hablar y sonó el citófono nuevamente. Debe ser ella, acotó Clarisa.
Esperé atento al timbre de la puerta. Me paré y le abrí.
Paula era parecida a Clarisa, compartían un aire familiar. No era tan bella, algo más voluptuosa. De contextura más gruesa, sin ser gorda tenía al igual que su hermana ese tono pálido de piel y los cabellos negros. No me pasé ninguna fantasía. La recibí con un beso en la mejilla como lo hacemos habitualmente en Chile y recibí sus donaciones para la ocasión: Un buen vino y un exquisito café.
Paula era parecida a Clarisa, compartían un aire familiar. No era tan bella, algo más voluptuosa. De contextura más gruesa, sin ser gorda tenía al igual que su hermana ese tono pálido de piel y los cabellos negros. No me pasé ninguna fantasía. La recibí con un beso en la mejilla como lo hacemos habitualmente en Chile y recibí sus donaciones para la ocasión: Un buen vino y un exquisito café.
Mientras Paula entraba living a saludar a los comensales, yo hice lo mío caminando a la cocina a dejar lo traído. De pronto apareció detrás de mí Paula para saludar a Clarisa. Sentí su pecho muy cerca de mi espalda y sus manos en mis hombros. Sentí el roce y no le dí importancia. Pasó rápidamente y de un beso se saludaron ambas. La cocina era pequeña y pude apreciar de cerca el rostro de Paula. Un pelo desordena y abundante, acompañaban una sonrisa amplia y acogedora. Todos nos fuimos al living, y entre cojines seguimos la conversa hasta que Clarisa nos hizo pasar a la mesa.
Paula se sentó al lado mío. La comida era un festín y todos estuvimos de acuerdo en dejar la película para la hora del café. Me empecé a excitar de a poco y ha interpretar los hechos recién ocurridos desde una perspectiva más positiva. ¿y si el roce en la cocina no era casual?
Cuando uno cambia la mirada, todo cambia a nuestro alrededor. Su sonrisa ya no me parecía picara, sino que mas bien insinuante. Sobre todo cuando ponía mariscos en mi plato al momento que ella se llevaba uno a la boca con su mano. Me miraba, sonreía, movía su estupenda cabellera y comía con esos labios gruesos, bellos, fuertes de hembra decidida. De pronto, sin mediar provocación ni esfuerzo de mi parte, sentí su muslo pegarse al mío. Sentí su cuerpo caliente. Casi su piel, a pesar que su pantalón y el mío separaban nuestra piel.
Han pasado muchos años desde entonces y aun no puedo olvidar ese instante. No es solo una mina poniéndole la pierna al tipo para que este se caliente. Es el gesto que ella llevo a la perfección. La seducción es un arte y aquí todo era como un ballet de seducción y erotismo. A penas conocía su nombre y ya adivinaba sus pensamientos. Nuestros cuerpos empezaron danzar en el anonimato como si se conocieran por siglos. Si de arte de seducción queremos hablar, este acto estaba en estado puro.
Por unos minutos me turbe, la sorpresa fue mayúscula. Sin embargo, me recuperé rápido. Aparecieron nuevamente los comensales, la mesa, los mariscos, el vino y la conversación. De alguna manera entendí que el juego era esconderse de los otros, por lo que me incorporé animadamente a la conversación intercalado por pequeños juegos con mis pies y visitas de mi mano que la acariciaba por debajo de la mesa. Ella también hizo lo suyo. Todo muy sutil, la gracias era no ser sorprendidos. Jugar con ese límite, lo hizo infinitamente excitante y una sola broma de algún comensal, sorprendiéndonos en el flirteo habría transformado una noche de clase mundial en una aventura de cuarta.
Llegamos al final de la cena, extasiados por la calidad de lo disfrutado. Bromeamos todos con que ahora venia la parte difícil de lavar los platos y ordenar. Nadie quiso postre. Acordamos darle con el café y la película. Clarisa, de pronto dijo que Paula y yo éramos los más flojos del grupo puesto que hasta aquí no habíamos trabajado nada.
Basto eso para que Paula contestara rápidamente: Ok, nosotros lavamos los plato y hacemos el café. Acto seguido, me tomo de la mano y nos fuimos a la cocina.
Basto eso para que Paula contestara rápidamente: Ok, nosotros lavamos los plato y hacemos el café. Acto seguido, me tomo de la mano y nos fuimos a la cocina.
Tan solo cruzar la puerta nos besamos. No recuerdo haber dado otro beso con más pasión. No muy largo, porque sentimos los pasos de Clarisa trayendo los trastos de cocina para el lavado. Todo fue muy cómico, considerando que ambos estábamos alrededor de los cuarenta años. Ella unos 37 y yo unos 42 años. Pero, bueno ese era el juego y saltamos cada uno a su lado con sonrisa cómplice, haciendo cada uno lo suyo.
No conversamos casi nada. Continuamos el juego poniendo oídos que nadie viniera y nos sorprendiera. Descubrí que los límites calientan el ambiente. Todo por sobre la ropa, seguimos el juego entre platos sucios, olor a comida y lavaloza. Los besos, mordiscos, roces y demás se acompañaban de disimulos cada vez que alguien se aproximaba. Mi excitación era fuerte y mi elección era contenerme, el juego estaba en su máximo apogeo y ahora teníamos la ocasión de ver una película calentona.
Llevamos el café a la mesa y nos dispusimos a ver la película puesto que, ya todo estaba preparado para ello. Se eligió la mesa del comedor, dado lo minimal del living. Me gustó la idea porque me acordé de su pierna tibia.
Todo se enfrío, Paula dejo de jugar por debajo de la mesa y se concentró en servir el café y hacer de anfitrión junto con su hermana. Incluso en un momento se paró y se sentó al frente mío para volver una media hora después.
La película avanzaba y hasta ahí era solo buen humor negro.
De pronto apareció la escena del spanking y Paula volvió al lado mío Sentí nuevamente ese muslo, exquisito, tibio a travesando nuestras ropas. Yo en ese momento no relacioné nada. Seguimos todos viendo la película, entre medio de risas, bromas y un ambiente que cada vez se volvía mas caliente.
Al terminar la película nos pusimos todos a baila. Todo me resultaba extraño, porque sólo había dos mujeres y sentía que todos estaban muy excitados. Yo no le quitaba ojos ni atenciones a Paula.
Finalmente, llego la hora de irnos. Yo no estaba muy seguro de lo que sucedería.
Subí al ascensor junto a Paula. Me miró, con una sonrisa muy leve casi seria me preguntó. ¿Te gustó la película?
Le respondí que si.
¿Dónde quieres que vayamos ahora, agrego?
A mi departamento contesté.
Sonrió complacida, mostrando sus hermosos dientes.
¿Te la puedes preguntó?
Y yo entendí que hablábamos de la película. Me sentí feliz y complacido.
Conteste lacónicamente : SI.
Esta historia continua.
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